ENTRENAR LA DEPORTIVIDAD

 A día de hoy, responsables de fútbol base pretenden profesionalizar a los niños con un nivel de exigencia deportiva incompatible con su edad, que parecen despreciar, ignorando que en la mayoría de los casos ninguno llegará a ser profesional. El fútbol moderno es compatible con la educación, la cultura y los buenos modales. Pero casi siempre hay alguna cosa que condiciona nuestra labor, el tiempo es una de ellas. Durante una sola temporada es muy difícil educar a nuestros discipulos. En ocasiones hasta es necesario educar la propia política del club, intentamos que los jugadores sientan lo que es vestir su camiseta, sean un ejemplo de deportividad, respeto por los rivales, compromiso y sentimiento positivo en sus colores, su escudo y los valores que la institución representa.
Uno de nuestros retos será aplicar la deportividad aunque vaya en contra de nuestros propios intereses, aunque ello implique un sacrificio personal. Debemos ser capaces de establecer en nuestro equipo actitudes, que no sean artificiales, como disculparse con el rival tras una falta cometida, preocuparse por el estado físico de un rival lesionado, admitir las propias faltas, o llegar más allá, reconocer el error del árbitro aunque nos beneficie.
 DEL CONOCIMIENTO A LA ACCIÓN
Considero fundamental unas pautas para que el programa que pretendamos llevar a cabo logre la transmisión de valores a través del fútbol y nos lleve al éxito. Un entrenador tratará de promover permanentemente relaciones conscientes entre el conocimiento y su acción docente cotidiana. Es el paso de la teoría a la práctica.
Nuestras buenas intenciones no las podremos poner en práctica si desconocemos los modelos para entrenarlas o si no les dedicamos el tiempo suficiente. No bastará con formar a nuestros jóvenes en el conocimiento del bien, sino que debemos hacer que actúen bien sobre el campo. Conocer el comportamiento adecuado es condición necesaria pero no suficiente. Debemos incluir un acuerdo personal, una manera de actuar responsable.
Los entrenamientos son fundamentales para trabajar las conductas, pero lo es más tener un objetivo claro: adaptarlas a los partidos, a todos los partidos, complicados o sencillos, en momentos importantes o secundarios. Si acordamos que todos los chicos jueguen el mismo tiempo, independientemente de sus destrezas, el día del partido importante es cuando más en cuenta tendremos esta norma. Más adelante mediremos si las conductas de nuestros jugadores se transforman hacia una mejor deportividad en la competición, tras nuestros entrenamientos. Estas experiencias debemos compartirlas con nuestros compañeros de profesión, es la mejor manera de mejorar.
CONDUCTAS DE ENTRENADOR
En muchas ocasiones encontramos entrenadores que convierten en pequeños “actores” a los jugadores de su equipo, obligándolos a dar la mano al rival, en un gesto ficticio de deportividad, ya que durante el encuentro sus instrucciones nada tienen que ver con eso. Durante la competición dirigen mediante conductas agresivas o violentas. Estas infracciones deportivas, suelen ser imitadas por sus discipulos, produciéndose un incremento de malas formas. Sus comentarios malsonantes no hacen más que transmitir una agresividad que el niño no entenderá. Estos entrenadores no están cualificados para dirigir correctamente equipos de niños en edad de formación, pero la verdadera culpa la tienen los que obligan a los niños a recibir esa educación.
La formación de entrenadores en el fomento de la deportividad es una asignatura pendiente en clubes y escuelas de entrenadores, y reconozco que en la mía es un reto a plantear. Deberán incluir, en sus cursos de capacitación, técnicas eficaces en el uso y control de conductas deportivas y antideportivas.
ENTRENAR SOÑANDO
La deportividad significa mucho más que el simple respeto de las reglas, más que una actitud, es un modo de pensar. El trabajo del entrenador consiste en ponerla en práctica. Cuando uno entrena, no solo elige sus tareas, sino también en qué convertirá a los que entrena. Intentamos transmitir e influir sobre nuestros jugadores, contagiando el buen comportamiento y los valores positivos del fútbol a toda la familia deportiva. La fórmula consiste en aprender de las conductas positivas que se den en cualquier actividad, como una labor educativa que nos compete a todos: padres, amigos, educadores y entrenadores, responsables públicos, medios de comunicación, y al resto de la sociedad en su conjunto.
Se me podría tachar de soñador. Soñar con un proyecto es parte fundamental en la vida de un entrenador. Si a estos sueños no le asocias acciones jamás llegarán a convertirse en realidad. A veces somos tan ilusos que todo en nuestra mente gira alrededor de forma positiva y pacífica olvidándonos de los obstáculos que se puedan presentar, es el precio a pagar como educadores para conseguir objetivos.
Yo seguiré soñando y os aseguro que a veces, mirando alrededor, no tengo mucho con que hacerlo. No me hace desfallecer, vuelvo a soñar con entrenar futbolistas, aquellos que le sacan una sonrisa tanto a la pelota, como al público que los admira, los que hacen que te sientas orgulloso de ellos, de tu equipo, de tu trabajo. Entreno soñando con ser un entrenador al que se le reconozca su labor, sueño con que se recuerde a mi equipo, sueño con formar futbolistas educados, sueño con forjar señores de fútbol.

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